Sara y Raul emprendieron la marcha demasiado tarde para el gusto de ella, que no le hacia mucha gracia llegar caída la noche a una casa prácticamente desconocida para ellos. La pagina web no disponía de ninguna imagen de la casa, y solo el buen precio les animó a elegirla para pasar la noche del fin de semana.
Afortunadamente no se encontraba a mucha distancia de su hogar, y en menos de una hora ya estaban abandonando la carretera comarcal, para enfilar un camino arenoso que los iba adentrando en un bosque cada vez mas espeso.
La poca luz del día que quedaba, se terminó de apagar debido a la frondosidad de la vegetación que los iba envolviendo a lo largo del sinuoso recorrido.
Por fin, los faros del coche les dio a la pareja, el alivio de observar la cercanía de la casa.
Sin una imagen previa de la casa que llevarse a la vista, la imaginación de ambos había creado la suya propia. Ella, una casa sencilla y acogedora. El, una de estilo rural pero moderna. Sin embargo la imagen real les sorprendió por la grandeza y majestuosidad del edificio.
Era una casa de dos plantas, gris, y por que no decirlo algo tétrica.
Una vez llegado justo enfrente de la casa, se bajaron del coche sin decir palabra. El se apresuró a dirigirse a la puerta para comprobar que las llaves, como les había dicho el propietario en un correo electrónico, se encontraban debajo del felpudo de la entrada principal.
Introdujo la llave en la cerradura y dándole dos vueltas abrió la puerta, emitiendo esta un chirrido desagradable y aterrador.
El, con un movimiento instintivo y una exactitud asombrosa, pulsó la llave del interruptor permitiendo con ello una visión de la estancia inferior que puso a la pareja el mismo pensamiento en su cabeza: que tipo de broma era esta.
El polvo lo cubría todo, el mobiliario era de una antigüedad no imaginable en este tipo de alojamientos alquilables.
Pensaron que solo podía tratarse de un error y casi al unisono echaron mano de la tecnología que se alojaba en sus bolsillos para aclararlo, pero para su desgracia, la tecnología no tenia cabida en ese escenario de siglo pasados y la cobertura era nula.
Tras comprobar ese nuevo revés, los dos pusieron su mirada en la escalera central que daba acceso a la planta superior.
Sin pensarlo dos veces y como dos autómatas, emprendieron su marcha hacia los peldaños que afrontaron en absoluto silencio.
Una vez superado el ultimo de los escalones, los dos se miraron después de observar el resplandor que emanaba del resquicio de la puerta de una habitación que tenían justo enfrente.
Sus pasos, algo dubitativos, los acercaban cada vez mas a lo que parecía ser una de las habitaciones principales de la casa.
Cuando ya no quedaban mas pasos posibles sin tropezar con la puerta, el la empujó levemente y tras un exacerbante sonido, pudieron observar sobre la cama, una gélida imagen.
Los cuerpos de una pareja yacían sin vida boca arriba.
Tras una escalofriante sensación que recorría las espaldas de Sara y Raul, comprobaron sin poder pestañear que los dos cuerpos inertes que ocupaban la cama eran... los suyos.
Afortunadamente no se encontraba a mucha distancia de su hogar, y en menos de una hora ya estaban abandonando la carretera comarcal, para enfilar un camino arenoso que los iba adentrando en un bosque cada vez mas espeso.
La poca luz del día que quedaba, se terminó de apagar debido a la frondosidad de la vegetación que los iba envolviendo a lo largo del sinuoso recorrido.
Por fin, los faros del coche les dio a la pareja, el alivio de observar la cercanía de la casa.
Sin una imagen previa de la casa que llevarse a la vista, la imaginación de ambos había creado la suya propia. Ella, una casa sencilla y acogedora. El, una de estilo rural pero moderna. Sin embargo la imagen real les sorprendió por la grandeza y majestuosidad del edificio.
Era una casa de dos plantas, gris, y por que no decirlo algo tétrica.
Una vez llegado justo enfrente de la casa, se bajaron del coche sin decir palabra. El se apresuró a dirigirse a la puerta para comprobar que las llaves, como les había dicho el propietario en un correo electrónico, se encontraban debajo del felpudo de la entrada principal.
Introdujo la llave en la cerradura y dándole dos vueltas abrió la puerta, emitiendo esta un chirrido desagradable y aterrador.
El, con un movimiento instintivo y una exactitud asombrosa, pulsó la llave del interruptor permitiendo con ello una visión de la estancia inferior que puso a la pareja el mismo pensamiento en su cabeza: que tipo de broma era esta.
El polvo lo cubría todo, el mobiliario era de una antigüedad no imaginable en este tipo de alojamientos alquilables.
Pensaron que solo podía tratarse de un error y casi al unisono echaron mano de la tecnología que se alojaba en sus bolsillos para aclararlo, pero para su desgracia, la tecnología no tenia cabida en ese escenario de siglo pasados y la cobertura era nula.
Tras comprobar ese nuevo revés, los dos pusieron su mirada en la escalera central que daba acceso a la planta superior.
Sin pensarlo dos veces y como dos autómatas, emprendieron su marcha hacia los peldaños que afrontaron en absoluto silencio.
Una vez superado el ultimo de los escalones, los dos se miraron después de observar el resplandor que emanaba del resquicio de la puerta de una habitación que tenían justo enfrente.
Sus pasos, algo dubitativos, los acercaban cada vez mas a lo que parecía ser una de las habitaciones principales de la casa.
Cuando ya no quedaban mas pasos posibles sin tropezar con la puerta, el la empujó levemente y tras un exacerbante sonido, pudieron observar sobre la cama, una gélida imagen.
Los cuerpos de una pareja yacían sin vida boca arriba.
Tras una escalofriante sensación que recorría las espaldas de Sara y Raul, comprobaron sin poder pestañear que los dos cuerpos inertes que ocupaban la cama eran... los suyos.